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El caso desató la polémica: cómo proteger a los hijos de los perversos que operan por internet sin espiar su intimidad. Los consejos de la División de Delitos Informáticos. Los últimos sitios web para la prevención infantil. Opinan los profesionales.

El joven tiene 23 años y está detenido por haber violado a una nena de 12.

El joven y la nena se conocieron a través de internet, en el chat. Él le habló en el mismo lenguaje que usaba ella, como si fuera un chico de la misma edad, y así la engañó. Y tanto chatearon el joven y la nena que la relación se tornó familiar y asomó la confianza.

La rutina de encontrarse varias veces al día en el ciberespacio trajo la propuesta. El joven le dijo que la quería conocer. Y después de tanto chat, ella aceptó. Estaba ilusionada. Ella le pasó la zona donde vivía. Así, acordaron un lugar: una plaza del barrio de Mataderos.

El encuentro se produjo hace un mes. Por chat, la nena le dio las coordenadas: la plaza frente a la puerta de su escuela. Y allí estuvo él minutos antes de que bajaran la bandera.

Cuando la nena lo reconoció, se sorprendió. En persona, el joven le parecía mucho más grande que a través del chat. Ella creía que su nuevo amigo tenía su misma edad.

A pesar de eso, no tuvo miedo, porque habían conversado un montón. Se conocían. Así que aceptó la segunda propuesta del joven. La nena y el joven fueron a una plaza que quedaba lejos de la escuela, justo en la intersección de la avenida Juan Bautista Alberdi y Lisandro de la Torre.

–Vení, vamos a una plaza que conozco que es mucho más tranquila. Ahí vamos a poder hablar mejor, –le dijo el joven.

Una vez que llegaron allí, charlaron un poco más de veinte minutos. Luego, a plena luz del día, en medio de la gente que pasaba por las veredas, el joven de 23 años llevó a la nena de 12 a un lugar más descampado, la violó y se fue.

En estado de shock y muy dolorida, la chica llegó despacito a su casa. De entrada, trató de disimular la situación, pero su madre la vio rara y comenzó a hacerle preguntas. Finalmente, su hija le contó lo que le había pasado.

Después de calmarla, la mujer fue a la Comisaría 42ª de Mataderos e hizo la denuncia.

LA BÚSQUEDA. Luego de una exhaustiva investigación que duró poco más de veinte días, el pasado martes, la policía encontró al joven de 23 años, acusado por la violación. Lo encontró en un locutorio. Estaba chateando.

“La mayoría de los pedófilos aplican una técnica mundialmente conocida como grooming o ciberacoso infantil para captar a los menores. Primero los seducen de alguna manera para lograr su atención. En general, fingen interés por los gustos, placeres o diversiones de la futura víctima. Se esconden detrás del anonimato y de una cuenta de correo. Sin embargo, este caso es especial porque no hubo envío de fotos. Solamente chatearon”, precisó una fuente de la Policía Federal. Y agregó que ahora están investigando si el joven cometió hechos similares. “Sin embargo, dijeron, hasta ahora solamente existe una sola denuncia”. La misma fuente mencionó que el detenido “chateaba hasta doce horas por días”.

La Policía Federal Argentina, a través de la División Delitos de Tecnología y Análisis Criminal, logró rastrear la dirección del lugar donde el joven, que se desempeña como empleado, simuló un episodio romántico con la menor para encontrarse con ella.

Después de las primeras pericias, lograron identificar que sus características fisonómicas se corresponden con las del abusador denunciado por la madre de la nena. El detenido quedó imputado en la causa por abuso sexual. La investigación está a cargo del Juzgado de Instrucción Número 2.

PAPÁS PIDEN FILTROS. “Los padres tenemos que controlar con quién chatean nuestros hijos porque no sabemos quién está detrás de la pantalla. Hay degenerados, pedófilos, hay de todo. Por lo tanto, debería haber filtros o elementos reguladores. Incluso sería importante que el niño tenga que registrarse con su DNI, con su huella digital, o a través de algún elemento que permita revelar su verdadera identidad para asegurarnos un marco de seguridad”, pidió María Elena Leuzzi, titular de Asociación de Ayuda a Víctimas de Violación (AVIVI).

“Hay palabras que las madres o abuelas podemos detectar que no son de alguien de esa edad, que uno puede reconocer como de alguien mayor al ser un vocabulario diferente. Pero nadie se quiere involucrar, nos creemos los dueños de la verdad y caemos. Debería ser ley que a cierta edad los chicos no puedan entrar al chat sin estar supervisados”, añadió.

A raíz de lo ocurrido, la División Delitos de Tecnología de la Policía Federal emitió un comunicado en el que advirtió a la población los riesgos que corren los menores de edad al mantener comunicaciones por internet con desconocidos. La policía aconsejó que, en caso de los niños que por timidez o introversión no quieren decir con qué personas se conectan, se establezca la posibilidad en la computadora de grabar en el “historial” los contactos ante cualquier eventualidad.

EL ANTECEDENTE. A comienzos de año, exactamente el 2 de febrero, una adolescente salteña de 16 años fue a un locutorio cerca de su casa y en el chat encontró un chico que le gustaba. Después de chatear un rato, acordó encontrarse con él a la noche, en el barrio 20 de Febrero.

Leandro, su enamorado virtual, en realidad no se llamaba así y su imagen tampoco respondía a la que había evidenciado el monitor. A la cita, además, asistieron otros tres hombres que la obligaron a ir hasta un departamento, la forzaron sexualmente y fotografiaron la violación.

El episodio se suma a los diez casos que en 2008 llegaron a la AVIVI también engañadas por chat.

CIFRAS. Según la ONG española Anesvad, existen 4.000.000 de sitios de internet que ofrecen pornografía infantil para pedófilos. El 60% de las páginas son pagas y cada día se abren 500 nuevas. Esas páginas reciben unos 2.000 millones de visitas al año, en una industria que mueve 6.000 millones de euros anuales.

Consejos para padres

Tener la CPU con conexión a internet en una habitación donde suela haber gente.

–Instalar programas protectores que vigilen y codifiquen la información a la que sus hijos no deberían acceder.

–Sepa siempre lo que su hijo está haciendo en la computadora y vigile el tiempo que pasa conectado.

–Lea los mensajes que reciben sus hijos y sean de desconocidos. Tenga una lista de las direcciones de correo electrónico de los amigos de sus hijos para no leer indiscriminadamente sus correos, evitando invadir el espacio propio del menor.

–Para realizar denuncias, revise http://www.antifraude.org/2009/06/donde-denunciar-si-usted-es-victima-de-delitos-informaticos/

El Caso en Argentina – Hasta los 21 hay control paterno

Los padres podrán revisar los e-mail de sus hijos mientras dure la patria potestad. Así lo estableció hace un mes un fallo de los jueces de la Sala IV de la Cámara del Crimen de la Ciudad de Buenos Aires, Julio Marcelo Lucini y Mario Filozof, en un caso de presunto abuso de una niña de 13 años. La causa se inició cuando el padre de una menor, sin su aprobación, revisó el correo electrónico y encontró mensajes que lo llevaron a denunciar un presunto abuso. La defensa del detenido apeló el procesamiento y argumentó que el denunciante había violado el artículo 161 de la Convención sobre los Derechos del Niño.

La menor “jamás ha demostrado sentirse agraviada o víctima de un delito ante la revisión de su correo electrónico”, explicaron los camaristas.

OPINIÓN

Paranoia innecesaria
Harry Campos Cervera (Padre, psicoanalista de APA y psiquiatra de UBA)

Los padres que se dedican a revisar los e-mails de los hijos están asumiendo un cuidado que deberían tener los hijos. Si vos tenés una actividad que es monitoreada por otros, la responsabilidad es del monitor y no del protagonista. Los padres tenemos que tratar de inculcar a nuestros hijos el aprendizaje del cuidado ante situaciones peligrosas pero no prevenirlas en su lugar. Lo único que puede llevar a revisar el correo de los hijos es la percepción y conciencia del fracaso como transmisores del cuidado hacia ellos. Esa búsqueda genera en los padres una actitud de desconfianza y paranoia innecesaria. Por supuesto que el vínculo con los hijos es una cuestión de tiempo. Es mucho más rápido mirar un programa en la computadora que educarlo en el buen sentido. A mí me da mucho miedo que mi hija, que tiene 14 años, salga sola, vaya a tomar algo con las amigas y después vuelva sola, pero tengo que enseñarle a protegerse. La tecnología obviamente genera una situación peligrosa porque es mucho más vasta la posibilidad de contacto y es mucho más anónima, pero es un recurso con el que los adultos tenemos que aprender a convivir.

El correo es privado
Diana Sahovaler de Litvinoff (Psicoanalista de APA y autora del libro “El sujeto escondido en la realidad virtual”)

El chico, como todo ser humano, tiene derecho a tener su intimidad, aquello que es privado. Es cierto que cuando es chico se le dice que tiene que ser transparente con sus padres, pero a medida que crece va aprendiendo que hay cosas que se las tiene que guardar para él. Si un chico les cuenta todo a sus padres, no crece. Que el chico tenga su privacidad no significa que los padres no tengan que estar atentos a lo que hace, con quiénes se relaciona y cuáles son sus criterios, pero el correo privado es privado, aunque a veces nos parezca que lo de los chicos tiene menos importancia. Un hijo no es propiedad de los padres. No tenemos que someterlos a un control tipo Gran Hermano para ver lo que hacen hasta en el baño, sino que hay que estar atentos. Los padres no podemos estar las 24 horas sabiendo qué hace y qué no hace. Sí tenemos que cuidarlos y ponerles límites. Tenemos que transmitirles que en internet se puede encontrar diversión, pero que también hay un grado de exposición muy importante. Hay que decirles que nunca pongan datos íntimos, personales, porque la web es como una puerta abierta, donde no sólo puede meterse un amigo, sino también un delincuente. Que no haga citas con gente que no conoce, especialmente si es un menor. También tienen que cuidar qué tipo de fotos sube porque las puede ver mucha gente que no las interpreta del mismo modo que él.