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Un cliente descontento, un paciente insatisfecho con su diagnóstico, un trabajador resentido con su jefe o un despechado dispuesto a hacerle la vida imposible a su «ex» tras una ruptura. Cualquiera puede dejar en foros, blogs y sitios webs comentarios negativos, insultos y críticas sin fundamento sobre una persona para arruinar su prestigio y estropear su imagen a golpe de click. «No se puede imaginar la cantidad de gente difamada que hay en internet en España», apunta Francisco Canals, director de identidadlegitima.com, una consultora nacida para «limpiar» la reputación de aquellos que se sienten víctimas de malas prácticas en la red. Esta empresa repara la «identidad on line» de sus clientes inundando internet de páginas web, blogs y contenidos digitales «veraces y positivos» sobre la víctima, de tal forma que en el Top 10 de Google aparezca «buena» información y las injurias e insultos queden relegados a la segunda página del buscador, donde sólo llega el 5% de los usuarios. Un trabajo muy costoso, que dura varios meses y que puede costar unos 4.000 euros.
«Hace diez años, internet se comprendía como un espacio de negocio, para ganar dinero, pero ahora es también un espacio de opinión y eso tiene sus riesgos», comenta Canals. Se trata del «gatillo fácil» de internet, la facilidad y rapidez para lanzar ataques electrónicos. Las principales víctimas son «empresarios que han despedido a un trabajador, médicos cuyo paciente ha quedado descontento tras un diagnóstico y periodistas o personas que por el mero hecho de ser visibles son ya blanco de las críticas», explica Canals. También se producen casos de venganzas sentimentales, marcas que quieren mejorar la percepción pública de su producto y personas que han cambiado de vida u optan a un nuevo trabajo y quieren reducir el rastro más o menos comprometido que años atrás han dejado en redes sociales como Facebook.
Los malos de la red
En la red existen una serie de personajes que se dedican a hacer el mal con los insultos y las difamaciones como principal arma. Francisco Canals describe a algunos de ellos:
-Trolls: Son aquellos internautas que disfrutan provocando discusiones acaloradas en internet. Entran en foros o chats para insultar y provocar con comentarios racistas o totalmente fuera de lugar.
-Punishers: Son aún más peligrosos. Pueden llegar al ciberacoso simplemente por envidia u odio a su víctima. Llegan a entrar en el correo electrónico del difamado para hacer pública su lista de contactos o llevar a Google fotos comprometidas.
-Vengadores sentimentales: Tras una separación dolorosa, uno de los miembros de la pareja decide fastidiar al otro usando internet. Para ello, cuelga las fotos íntimas de su antiguo compañero o pone su número de teléfono en una web de contactos sexuales para que le saturen a llamadas.
-Gamberros electrónicos: Es típico entre los adolescentes. Critican o se ríen de sus profesores y compañeros en internet.
Credibilidad
«Cuando alguien te desacredita, queda indexado en Google y eso puede afectar a tu credibilidad», dice el experto. «Recuerdo el caso de un médico de una prestigiosa clínica privada que despidió a una auxiliar de enfermería. Ella se dedicó a propagar por internet que el doctor no tenía título. Era mentira, pero sus pacientes disminuyeron a la mitad». Lo mismo ocurre si al poner tu nombre en el buscador y dedicarte al «ego-surfing» -la búsqueda de referencias sobre uno mismo- lo primero que sale es que te han puesto una multa o que hace unos años, por una mala racha, estabas en una lista de morosos. «¿Por qué tiene que saber eso tu vecino? O lo que es peor, ¿por qué tiene que enterarse el responsable de recursos humanos que va a entrevistarte para un trabajo?», se pregunta Canals.
Una enfermera dijo en internet que el médico que la había despedido no tenía título. Era mentira, pero los clientes del doctor se redujeron a la mitad
Para solucionarlo, Identidad Legítima pone en marcha un programa de tres fases. En la primera, realizan diferentes entrevistas con el cliente «durante al menos mes y medio» para conocer todo su potencial positivo. Después, «toda esa información debe trasladarse a internet para ocupar el Top 10 de Google», para lo que se abren blogs, páginas de perfiles profesionales, etc. En tercer lugar, la empresa se ocupa del posicionamiento web según los 250 algoritmos y criterios del buscador. «Es un trabajo muy intenso que puede llevar de cuatro a seis meses», dice Canals. No se toman medidas legales porque «son muy costosas y casi nunca llevan a nada». Al realizar el contrato se hace una pequeña investigación del cliente, ya que «no aceptamos casos pendientes de sentencia juidicial». Según el número y la fortaleza de los contenidos perjudiciales y el tiempo que lleve el trabajo, la «limpieza» de reputación puede costar de 3.000 a 4.000 euros. Todo sea para que «el yo digital se parezca lo más posible al yo personal».
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