De momento, es una pregunta retórica, porque aunque desde los 80 -suele situarse en 1984, año 0 de la distopía orwelliana, el nacimiento del movimiento- el software libre no ha dejado de ganar adeptos, lo cierto es que el mundo está construído sobre las reglas del software propietario y de las grandes corporaciones que ejercen monopolios informáticos mediante las patentes.


software-libreLos defensores del movimiento del software libre, que no gratuito, suelen rescatar una metáfora gastronómica para explicar a los profanos en la materia la esencia del asunto. Las recetas se han transferido desde tiempos inmemoriales de generación en generación y los seres humanos han tratado continuamente de mejorarlas y compartirlas. ¿Qué ocurriría si, de repente, nos prohibiesen utilizar la receta del pato a la naranja porque está patentada y sólo un cocinero en el mundo la posee en exclusiva?

Además, continuando con la alegoría gastronómica, un cocinero puede ganarse la vida ofreciendo un servicio aunque sus recetas estén a disposición de otros profesionales. Libre no quiere decir gratuito, aunque el término inglés –free software– ha dado lugar a confusiones.

Una guerra global

Desde hace años, también existe en el ecosistema informático una guerra abierta en el ámbito de las patentes de software. Es, al mismo tiempo, una guerra mundial y civil.

Global porque a nivel estructural existen dos grandes bloques enfrentados: los partidarios de un sistema abierto en cuanto a los programas informáticos, y sus detractores, en este caso las multinacionales tecnológicas cuya superviviencia desde los 80 -hubo un tiempo, antes de que Eva mordiese la manzana del software propietario, en que la informática se basaba en las reglas de libertad de uso- depende de la exclusividad de su uso. Y una guerra civil, precisamente porque en cada mercado del mundo las grandes firmas se pelean de forma encarnizada por dominar el negocio mediante esas patentes.

Libertad y privacidad

Una de las características más evidentes del software propietario es su capacidad para ejercer control sobre los usuarios. El movimiento del software libre propone que sea el usuario quien controle el programa informático, decidiendo él mismo cómo y dónde ejecutarlo, y no al revés.

Innovación y conocimiento

Además de que la piratería informática perdería gran parte de su razón de ser, la filosofía del software libre entronca en una serie de tendencias que defienden la liberalización del conocimiento en varios frentes, uno de ellos el de la educación, donde también existen movimientos que abogan por la creación de libros de texto colaborativos. «El software privativo es enemigo del espíritu de la educación, es conocimiento denegado y por ello las escuelas de todo el mundo deben enseñar únicamente software libre”, afirmaba Richard Stallman, creador del sistema operativo GNU y principal promotor del software libre en el mundo.

Más calidad

Por otra parte, la continua carrera de innovación fomentada por la filosofía del software libre incide directamente sobre la calidad de los programas y desarrollos informáticos. No sólo los usuarios particulares están interesados en aplicar mejoras, sino también, aunque en ocasiones resulta paradójico, las grandes empresas.

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