La recientemente desbaratada banda de «El sapo» Ciarlo, un estafador que usaba tarjetas de crédito ajenas para comprar pasajes, que después vendía a través de una agencia de viajes ilegal, tenía su modus operandi basado en el robo de identidad.

FILE - In this March 5, 2012, file photo, consumer credit cards are posed in North Andover, Mass. The three largest credit reporting agencies will change the way they handle records in a major revamp long sought by consumer advocates. The changes were announced Monday, March 9, 2015, after talks between Equifax, Experian, TransUnion and New York Attorney General Eric Schneiderman. (AP Photo/Elise Amendola, File)

Una fiscalía de la ciudad chubutense de Puerto Madryn reunió las pruebas necesarias para su detención, y calculó que la estafa llegó a los 10 millones de pesos.

La banda obtenía datos de tarjetas de crédito en estaciones de servicio y comercios y después lograban dar con la información del titular.

«Todo va bien hasta que alguno de los damnificados ve el resumen de la tarjeta», dijo al diario porteño La Nación Walter Mercapide, jefe de Análisis y Prevención de Fraude del Banco Galicia.

«Este tipo de fraude ya lo habíamos visto otras veces, pero había aflojado porque las agencias de turismo tenían que estar inscriptas con un código especial que conocían las aerolíneas», agregó.

Mercapide sugirió que cuando se paga algo con la tarjeta de crédito, el plástico esté siempre bajo la mirada de su dueño.

«No hay que sacarle la vista a la tarjeta porque se puede copiar la información. También hay gente que recibe mails falsos que dicen: ‘Estamos observando que hay problemas de seguridad de la tarjeta, por favor bríndenos su número de tarjeta, la clave y los números de coordenadas’, y ¡la gente lo hace!», dice el especialista del Galicia.

Un paso más allá en el manejo de la tecnología para cometer delitos es el uso de los medios electrónicos para llevar a cabo los ilícitos. «El fraude se fue para el lado de los delitos informáticos», advirtió Mercapide.

Por ejemplo, la aplicación InstaAgent roba las contraseñas de los usuarios. Se trata de un programa para iOS y Android que encabezó la lista de aplicaciones gratuitas del Reino Unido, Canadá y España, y que fue eliminada de las tiendas de Google y Apple.

En la Argentina, los delitos informáticos crecen a pasos agigantados. El 21% de las 80 empresas encuestadas por PwC reportó este tipo de delitos, mientras que en 2011 eran sólo el 8 por ciento.

«Las personas son el vínculo más débil en la cadena de seguridad», dice el informe de PwC sobre delitos económicos.

«Los hackers, con frecuencia, se aprovechan de la ingenuidad humana a través de ataques como spear phishing (suplantación de identidad). Se trata de un correo electrónico de una fuente confiable, como un banco, para tomar ventaja del usuario distraído», advirtió PwC.

Informe: iProfesional